Una tarde de verano en Ölüdeniz, en la costa turca, puedes ver los dos desde la misma playa. En la bahía, una lancha remolca con una cuerda larga una vela redonda de la que cuelgan dos personas. Más arriba, varios parapentes bajan del Babadağ, la montaña que hay detrás del pueblo, y aterrizan en la playa. Lo primero es parasailing; lo segundo, parapente.
Los nombres se parecen y en los dos hay gente colgada bajo una tela, pero no son dos versiones de lo mismo. En el parasailing te remolcan: la lancha hace el trabajo, la tripulación lo decide todo y tú sigues en el extremo de la cuerda de principio a fin. Un parapente, en cambio, es un planeador. Una vez que deja la ladera, nada lo une al suelo, y lo vuela un piloto aprovechando el aire que sube.
De un vistazo
| Parasailing | Parapente | |
|---|---|---|
| Qué es | Una vela remolcada con una cuerda detrás de una lancha | Un planeador que vuela libre una vez en el aire |
| Quién controla | La tripulación de la lancha; los pasajeros no tienen mandos | El piloto: un instructor en biplaza, o tú después de formarte |
| Formación | Ninguna, solo una breve explicación | Ninguna para un biplaza; una o dos semanas de curso para volar solo |
| Despegue y aterrizaje | Desde la cubierta de la lancha y de vuelta a ella | Unos pasos corriendo por una ladera; aterrizaje en un campo o en la playa |
| Altura | Normalmente de 50 a 150 m sobre el agua | Desde unos 100 m junto a un acantilado costero hasta 2000 m sobre un valle |
| Tiempo en el aire | De 8 a 15 minutos | De 10 a 30 minutos en biplaza; horas para un piloto formado |
Cómo funciona el parasailing
Una vela de parasailing parece un paracaídas redondo, pero está cortada para subir cuando tiran de ella: unas ranuras en la parte trasera desvían el aire hacia abajo y eso genera sustentación. Hoy la mayoría de los operadores usa una lancha con torno. Te sujetan con un arnés en una plataforma plana en la popa, la tripulación suelta cuerda desde un torno hidráulico y la vela te levanta de la cubierta. Al final, el torno te recoge y vuelves a pisar el mismo sitio del que saliste, normalmente sin mojarte. Algunas tripulaciones, si se lo pides, frenan la lancha para que toques el agua con los pies.
La longitud de la cuerda y la velocidad de la lancha marcan la altura, casi siempre entre 50 y 150 metros. En Estados Unidos, la FAA, la autoridad de aviación civil, trata la vela de parasailing como una cometa: no puede pasar de 500 pies (unos 150 m) y debe mantenerse a 5 millas (8 km) de los aeropuertos, salvo autorización especial. El vuelo dura de 8 a 15 minutos. Normalmente varios grupos comparten la lancha y vuelan por turnos, así que cuenta con una hora o más para toda la salida.
Arriba eres pasajero en el sentido literal: sin frenos, sin mandos, sin forma de cambiar de altura ni de dirección. Todo depende de la tripulación, y a mucha gente eso es justo lo que le gusta. En la misma barra pueden volar de una a tres personas, por eso tiene éxito entre parejas y familias. Los niños suelen subir con un adulto, porque cada vela tiene un peso mínimo además de uno máximo.
Cómo funciona el parapente
Un parapente es un ala, con un perfil como el de un avión. Avanza unos nueve metros por cada metro que desciende, y no necesita lancha ni cuerda: despegas a pie desde una ladera, de cara al viento, y a partir de ahí vuela solo, dirigido por el piloto con dos frenos.
Sin ayuda, bajaría planeando suavemente hasta la zona de aterrizaje. Los vuelos duran más porque los pilotos aprovechan el aire que sube: las térmicas, columnas de aire caliente que se elevan del suelo soleado, y la ascendencia dinámica, donde el viento choca con una ladera y sube. En un buen día, un piloto formado se queda horas en el aire y puede recorrer más de 100 km.
La mayoría empieza con un vuelo biplaza. Vas sentado en una silla delante de un piloto biplaza titulado, das unos pasos corriendo al despegar y el piloto hace el resto; muchos te dejan los frenos unos cuantos virajes si se lo pides. Un biplaza dura de 10 a 30 minutos, más si hay ascendencia, y aterriza en un campo o, en los vuelos de costa, en la playa. En Ölüdeniz, el despegue del Babadağ está entre 1700 y 1900 metros sobre el mar, así que incluso sin ascendencia el descenso sobre la laguna es largo y tranquilo.
Un detalle confunde a mucha gente: los parapentes también pueden ir remolcados. En zonas llanas, sin montañas desde las que despegar, los pilotos suben tirados por un torno. Pero arriba el piloto se suelta del cable y se aleja planeando. Para un parapente, el remolque solo sirve para despegar; en el parasailing, el remolque es todo el vuelo.
Por qué los nombres se parecen tanto
Los dos vienen del paracaídas. El parasailing nació en 1961, cuando un diseñador de paracaídas modificó una vela para que subiera remolcada por un vehículo: así se podía entrenar a paracaidistas sin avión. La lancha con torno que lo convirtió en una actividad de playa llegó en los años setenta. El parapente vino después: en 1978, en Mieussy, en los Alpes franceses, unos paracaidistas bajaron corriendo una ladera con velas rectangulares y planearon hasta el valle. Desde entonces, los parapentes se diseñan para planear, y las velas de parasailing, para subir sujetas a una cuerda.
Qué se siente
El parasailing es suave y lento. La vela es grande y estable, la lancha se ve pequeña allá abajo, y solo se oye el viento y, a lo lejos, el motor. A casi todo el mundo le resulta relajante. Si te mareas en barco, te molestarán más el trayecto en lancha y la espera mientras vuelan los demás que el vuelo en sí.
Un biplaza en parapente empieza con un pequeño esfuerzo: te inclinas hacia delante y corres mientras la vela sube detrás de ti, y luego el suelo se queda abajo. Con el aire tranquilo de la tarde, el vuelo es tan suave como el parasailing. En térmica hay más movimiento: la vela se balancea y se adelanta, subes en círculos cerrados y notas cómo trabaja el aire. Algunos pilotos terminan con barrenas o wingovers. Son opcionales: si quieres un vuelo tranquilo, dilo antes de despegar.
Quién puede hacerlo
El parasailing apenas exige nada físico. Te sientas o te quedas de pie en la cubierta, la vela te levanta y vuelves del mismo modo. Los operadores ponen límites de peso, no requisitos de forma física.
Un biplaza en parapente exige dar unos pasos corriendo al despegar y poder ponerte de pie o deslizarte al aterrizar. El peso máximo del pasajero suele estar entre 90 y 110 kg, y muchas escuelas llevan a niños desde los seis años, más o menos, si pesan lo suficiente para la vela. Los límites cambian de un sitio a otro, así que pregunta antes de reservar.
Cuánto cuestan
El parasailing suele ser el más barato de los dos. En la Costa Azul francesa, un vuelo cuesta normalmente entre 50 y 90 € por persona; un biplaza de parapente sobre el lago de Annecy, en los Alpes franceses, entre 85 y 180 €, según la duración. En Estados Unidos la diferencia es parecida: de 50 a 100 dólares por un parasailing en una playa de Florida y de 200 a 275 dólares por un biplaza en Torrey Pines, en San Diego.
¿Cuál es más seguro?
Los dos tienen un buen historial cuando se hacen bien, y en los dos casos la persona al mando marca la mayor diferencia.
En el parasailing, casi todo el riesgo depende del operador. En 2014, la NTSB, la junta de seguridad del transporte de Estados Unidos, estudió el sector tras una serie de accidentes mortales. Calculó que entre 3 y 5 millones de personas hacen parasailing cada año en Estados Unidos, y comprobó que en todos los accidentes graves que examinó, salvo uno, había fallado el equipo: cuerdas de remolque que se rompieron con viento fuerte, un arnés desgastado. Si la cuerda se rompe, la vela está diseñada para bajar como un paracaídas, pero con viento fuerte puede arrastrar a los pasajeros por el agua o por la playa. En aquel momento ninguna norma federal obligaba a parar con mal tiempo. Florida fija hoy límites por ley: nada de parasailing con viento sostenido de más de 32 km/h (20 mph), con rachas de más de 40 km/h (25 mph) o con una tormenta eléctrica a menos de 11 km (7 millas).
El consejo práctico sale de ahí: mira el cielo tú mismo. Si el viento es fuerte y racheado, o se está formando una tormenta, no subas, diga lo que diga la tripulación. Un buen operador ya habrá cancelado.
En el parapente biplaza, todo depende también del piloto y del tiempo. Los pilotos de biplaza necesitan una habilitación específica además de su licencia, y la mayoría de los incidentes ocurren al despegar, al aterrizar o con condiciones demasiado fuertes. Por eso los buenos pilotos cancelan más a menudo de lo que les gustaría a sus clientes. Lo explicamos con detalle en nuestro artículo sobre la seguridad en parapente.
Cuál elegir
- Un rato tranquilo en unas vacaciones de playa, en familia, sin correr ni aprender nada: parasailing.
- Para saber qué se siente al volar, con virajes, subidas en térmica y vistas sobre un valle: un biplaza en parapente.
- Si quizá quieras volar solo algún día: parapente. En el parasailing siempre serás pasajero, mientras que muchos pilotos empezaron con un biplaza.
Si el biplaza te deja con ganas de más, nuestra introducción al parapente explica cómo funciona y cómo aprender. Y cuando vueles solo, una app como Wingman en tu iPhone o tu Apple Watch puede ser tu primer vario y tu libro de vuelos.